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Apertura: Programa de Investigación en Psicoanálisis >> descargar


Nuestro interés y nuestro trabajo se circunscriben hoy a partir de la problemática de la transmisión en psicoanálisis y de la formación del analista, y ello en el marco de la discusión de la propuesta de Lacan en torno al significante Escuela. La noción de Escuela está íntimamente relacionada a la posición que se asume en la formación del analista. Es una propuesta concreta que se diferencia de otras marcando su especificidad. En torno a ella se puede discutir y poner a jugar el nombre de aquello que se instituye como espacio de formación: es decir, si lo que nombra a nuestros encuentros (Apertura) responde a la articulación de lo que consideramos una enseñanza en el Campo Psicoanalítico.

Desde 1995 en este espacio de encuentro se ha comenzado a plantear la importancia que tiene el testimonio en lo que hace a la formación del analista. Es en relación a la función del discurso psicoanalítico, que más allá del analizante y analista, hace posible cuestionar el análisis y sus efectos.
Esto no implica que a) el testimonio del analista reducido a opinión y, b) el del analizante reducido a una posición cualquiera en relación a su interpretación particular de lo que constituye el deseo del Otro, no tengan valor.

En este registro la enseñanza se establece a través de la crítica puesta en función con el “más uno”: esta noción implica que el número denota lugar y como número algo a advenir allí, o sea un contenido. El número en sí mismo no significa nada, es un vacío que implica la posible puesta en juego de una relación. Ese “Más” justamente advierte que ya hay lugares inscriptos y “uno” marca el vacío pero anticipa otro lugar: es justamente lo que le da movilidad a la cadena. La serie que se impone en el discurso permite una sola lectura cuando no se opera con el sentido de ese decir. Entonces el +1, no es alguien que enseña a alguien, sino un paso simbólicamente necesario para que se articule el saber. Que alguien advenga como “más uno” implica que su palabra, su respuesta es tomada como una, es la inscripción en la cadena de la función de otredad, que puede ausentarse, impidiendo la dialéctica discursiva.

A partir de la puesta en función de la Demanda de formación en nuestros encuentros, comienza a plantearse la cuestión del estilo de acuerdo al modo en que se articula el intercambio entre los analistas. Si “el estilo es el hombre”, se sostiene que es en el Otro como cadena de discurso y con otros que uno puede establecer su versión, más aún, es allí donde la encuentra.

El estilo marca el más allá de los dispositivos. La escuela marca el estilo: es donde la verdad y la crítica se articulan como saber. Se inscribe así una noción distinta del saber que la que sostenía Freud. El saber se articula. Tenemos entonces, “¿qué es ser analista y qué es el psicoanálisis?” La cuestión es justamente que sostenerlo como pregunta es para nosotros posición del analista. Que opere como marca y vacío a la vez: es función de analista.

Apertura ("Ouverture" en francés), no sólo es un significante íntimamente ligado al concepto del inconsciente freudiano –“y el nuestro” parafraseando a Lacan- sino que, ese nombre hace también marca a nuestra continuidad de intercambio. Nuestra propuesta es ponerlo a trabajar sosteniendo una posición ética en el intento de dar respuesta a cuestiones que nos planteamos en el encuentro con la clínica: cuestionamiento permanente de nuestra acción sobre ciertos puntos opacos, lejos de todo argumento sostenido en el principio de autoridad.





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